Campo Archelon, the site of the now defunct sea turtle rescue and research center in Bahia de los Angeles. 

It is named after the genus of giant sea turtles that glided through the shallow seas of prehistoric North America 70- to 80-million years ago.

Fossils reveal that Archelon was more than 15 feet long and 15 feet wide and weighed as much as a small pickup.


For just $8 a night, it has sturdy beachside stone and thatch palapas offering both shade and essential protection from the sometimes relentless LA Bay winds. The palapas usually come with tables and cots, and some have old cupboards and other useful bits of furniture. There are flushing toilets and hot showers. Being an ecotourist campground, trash separation and recycling and water conservation are encouraged.

The sunrises over Isla Angel de la Guarda and the islands of the inner bay are always terrific. At low tide the shore is rocky... at high tide it's sandy. One or two kayaks are available for camper use. Shore birds abound and it's easy to get great photographs of pelicans, egrets, boobies and oystercatchers even from the comfort of your palapa.



Campo Archelon owners Antonio and Bety Resendiz are goldmines of information about the area. Bety often volunteers at the museum in town, and "Tony," a former Mexican government biologist, has boundless energy, is passionate about conservation and sustainability, and will be happy to advise you about activities or trips you might be interested inIf you have a larger group or want something more substantial, Campo Archelon has five Cabins  (which have served as classrooms) for rent for $80, $90, $120 a night. Just back from the beach, they come with showers, flushing toilets and kitchens. .

Look for the Archelon signs about two miles north of town, on the road to La Gringa. It is one of the first places you come to when the paved road, or what's left of it after Hurricane Odile, runs close to the bay.

By Graham Mackintosh

Antonio Reséndiz, 

misionero de la naturaleza

Carlos Lazcano Sahagún

Hace algunos años, cuando empecé a estudiar a los misioneros que fundaron Baja California, pensé que en nuestros días ya no existían personajes como ellos, es decir, personas que abandonaran su tierra natal, las comodidades de la ciudad, posiciones académicas, es decir una vida cómoda, para irse a vivir al campo, en medio de sacrificios, por una causa que consideran justa y noble. Sin embargo, cuando conocí a Antonio Reséndiz, en 1989, me di cuenta de mi error y vi que actualmente si hay personas de ese temple, que lo dan todo por causas que valen la pena, y para Antonio esa causa fue el salvar a la tortuga marina del Golfo de California (Chelonioidea), que en esos años se encontraba al borde de la extinción debido a su sobreexplotación.

Recuerdo esto porque el pasado 28 de marzo Antonio falleció de una manera repentina, lo que representa una pérdida importante para Baja California, ya que mucho hizo por esta tierra. 

Fue en 1978, poco después de haber egresado como oceanólogo de la Facultad de Ciencias Marinas, que Antonio se fue a vivir a Bahía de los Ángeles para llevar a cabo lo que fue su proyecto de vida. El "Loco" Reséndiz le decían, ya que llegó sin casi nada y plantó una tienda de campaña en la playa, la que fue su primer hogar en la bahía. La explotación comercial de la tortuga había iniciado en los años 40's del pasado siglo, y pronto llegó a tener alta demanda, y la explotación se disparó. Para los años 70's empezó el declive de esta especie llegando a ser tan fuerte que se le puso al borde de la extinción. Para poder salvar a este animal, era necesario estudiarlo y conocer sus hábitos, y para ello había que irse a vivir a donde estaba. Fue así que Antonio se ofreció a ello de una manera apasionada y gracias al apoyo del Instituto Nacional de Pesca, surgió en Bahía de los Ángeles el primer Centro para el Estudio y la Conservación de las Tortugas Marinas.

En 1988 Antonio conoció a la bióloga Beatriz Jiménez, quien llevaba varios años trabajando con tortugas marinas en Michoacán. Se casaron uniendo sus esfuerzos en la causa por la tortuga marina y así formaron su familia ahí en Bahía de los Ángeles. Levantaron su casa y un campo ecoturístico, junto con los laboratorios y estanques para cuidar y estudiar a las tortugas. "El  Archelon" fue el nombre de su casa y de su campo, y ahí llegaron muchísimos científicos, investigadores, exploradores, amantes de la naturaleza, ecoturistas, y visitantes de todo el mundo. Antonio y Bety siempre los recibieron con amistad y generosidad, compartiendo experiencias, ayudando, apoyando de mil maneras. En ese espacio se compartía el amor por la naturaleza, el amor por la ciencia, la cooperación, el amor por la vida y por la gente.


Los esfuerzos que realizaron los Reséndiz fueron muy fructíferos y hoy la tortuga marina ya no está en peligro de extinción, y el conocimiento científico que se tiene sobre ella es amplio. Una de las tortugas que Antonio tuvo en cautiverio en sus estanques, fue liberada y se le colocó un transmisor. Un año después, esta tortuga apareció en la Bahía de Senday, Japón. Había realizado un épico recorrido de once mil quinientos kilómetros cruzando el Pacífico, algo que nunca había sido detectado.Otro de los frentes que Antonio y Bety afrontaron fue el de convencer a los habitantes de Bahía de los Ángeles para que modificaran sus prácticas agresivas y así se sumaran a la conservación, no solo de la tortuga marina, sino de muchas otras especies de la región. 


En esto buscó alternativas que fueran sustentables. Antonio siempre pensó en la gente, buscando ese difícil equilibrio entre conservación y actividades económicas, por eso siempre promovió los proyectos sustentables. Y lo hacía de una manera apasionada, como todo lo que emprendió.Antonio y Bety entendieron que la mejor herramienta para la conservación es la educación, y así promovieron, y lograron, que en Bahía de los Ángeles se instalara la telesecundaria, y posteriormente una preparatoria. Fueron grandes promotores de la educación ambiental y así lograron que se crearan varias UMA (unidades de manejo ambiental) en la zona.Antonio era un convencido de las bondades del Ecoturismo promoviéndolo fuertemente, no solo en Bahía de los Ángeles, sino en todo el estado de Baja California. 

Antonio creía en el bienestar de la gente, como medio para conservar la naturaleza, así, gracias a sus conocimientos se ha estado pudiendo aprovechar muchas de las maravillas naturales de la región de una manera sustentable, poniendo Antonio y Bety el ejemplo a través de sus proyectos en su campo del Archaelon. 


Además Antonio amó a Bahía de los Ángeles, su naturaleza, sus gentes. Con el tiempo se convirtió en ejidatario, y desde este frente ayudó en mucho a la gente y promovió proyectos regionales de gran trascendencia. A pesar de sus logros científicos y académicos Antonio siempre fue una persona modesta, no le gustaba presumir. Tenía un carácter muy agradable. Su presencia imponía, ya que era alto y fornido, además se le veía con mucha energía. Siempre fue muy generoso y con todos compartía su casa, su playa. Era de un entusiasmo contagioso en todo lo que emprendía. El "Super Toni" se le decía.

Gracias a mis viajes por el sur del municipio, en los últimos años lo traté mucho. Siempre que iba Bahía de los Ángeles me queda en su campo. Siempre me tocaba conocer agentes interesantes de todo el mundo. Recuerdo que en una de mis últimas visitas Toni preparó un jurel a las brasas riquísimo, acompañado con una buena dosis de vino. Fue un encuentro en donde compartimos con gentes de España, Italia, República Checa, Suiza y Estados Unidos, pero lo más sorprendente es que fue un encuentro casual, no planeado. Sin lugar a dudas todos los que convivimos con Antonio lo vamos a extrañar.

 Me resultará extraño ir a Bahía de los Ángeles y no encontrar a Antonio, con su sonrisa franca y su generoso recibimiento, su amistad. Yo perdí a un gran amigo, de corazón grande, y Baja California perdió a uno de sus más importantes personajes. Como decía Toni, el hijo de Antonio, en su funeral. Veremos a Antonio en el mar, en las olas de Bahía de los Ángeles, junto a las tortugas que siguen ahí gracias a él, en las bahías y sus playas. En todos esos espacios que tanto amó. Yo le doy gracias a la vida por haberlo conocido y convivido, por haber disfrutado de su amistad. Por haber conocido a su familia. Son esos privilegios que Dios nos depara. Antonio es de esas personas que inspiran y te invitan a hacer cosas grandes, cosas que valen la pena. Y a hacerlas con pasión, con amor, con fe. Así era Antonio. Su recuerdo generoso siempre quedará en mi corazón.